martes

Día 303

(30 de Diciembre de 2014)



 Mañana.

 Último de un periodo, principio de otro en el que tú seguirás siendo el centro.

 Esperanza.

 Toda la que mi energía puede crear puesta en en Mañana, convenciéndome a mí misma de que lo venidero será mejor y todo volverá a ser como antes.

 Entonces recuperaremos el tiempo perdido y daremos una nueva luminosidad a lo venidero.

 Imagen: El Principito | Woo Hee Kwon

Día 288

(14 de Octubre de 2014)


Hoy, como siempre, mi pensamiento en ti.

Sentir por ti,

llorar por ti,

imaginar por ti... cambiarme por ti.

 Y así tu dolor sería mío, tu angustia sería parte de mí y tú quedarías libre y limpio de agonía tal y como llegaste a este mundo.

 image de Paul-Hess

lunes

Día 36

(16 de Julio de 2014)



Ponía todo su empeño en lanzar alto el balón porque dentro de él había metido aquellos deseos que decían los concedían desde el cielo.

 Imagen: Bois de Boulogne, Paris (Enfant et Ballon), photo by Sabine Weiss, 1956.

jueves

Día 10

(18 de Junio de 2014)


Es largo el tiempo que llego agazapada en la cuerda floja intentando mantener el equilibrio, mi integridad, mi fortaleza.

 Que nada se haga añicos a mi alrededor.

 Cualquier ligera brisa que sople me zarandea como si de un fuerte viento se tratara. Tiemblo y me tambaleo, me agazapo aún más y continúo guardando el equilibrio.

 Por momentos todo se para. Quietud en derredor, claridad, esperanza.

 Poco a poco soy capaz de enderezarme y dar los primeros pasos buscando el final de la cuerda.

 El también se endereza.

 Imagen: "Mujer Equilibrista" - década 1895

Día 1

(8 de Junio de 2014)

Todas las esperanzas puestas en aquella sala.
Y todos los miedos también.

 Bolas de algodón en forma de angustia se abren paso en la cavidad de las entrañas; lento tictac del reloj con vagas muestras de continuar su camino.
 Murmullos.
Sordos murmullos enmarañan la estancia, conversaciones apagadas, toses, risas, que como salidos de otra dimensión se entrelazan en un zumbido molesto.

La mirada no pierde detalle del ojo de buey de la puerta por si se percibiera en el interior un movimiento, un sonido… por si lo viera. Pero no lo ve a él, solo camillas alineadas a lo lejos con palos de goteros a la cabecera. Bultos en las camillas. Casi no se ven, casi no se distinguen.

Espera, una espera más, siempre esperando.

El vientre late y se hace sentir. No, no es él quien lo habita, eso fue hace mucho, en otro tiempo muy pasado y muy presente. El vientre está ahora vacío y una camilla detrás del ojo de buey llena.

Viene.
Cansado, herido, dolorido.

Metafóricamente se acomoda otra vez en el vientre buscando la protección que le falta.

Ojos, uno, brilla cargado de miedo. Llora, tiembla, se estremece. 

Noche. Fresca, oscura, tenebrosa.
Velando a su lado hasta el amanecer. 

Descansa.
El espíritu se relaja y la luz llega. Día nuevo.

Esperanza.

Imagen :Daniel Porta

Llegó

(1 de Junio de 2014)




Llegó con tres heridas: La del amor, la de la muerte, la de la vida.
Con tres heridas viene: La de la vida, la del amor, la de la muerte.
Con tres Heridas yo: La de la vida, la de la muerte, la del amor.

 …sigue soñando alcanzar las estrellas…

(“Llegó con tres heridas” - Miguel Hernández)

 Imagen: Pescador Stellar | Victoria Smykina

Primavera

(9 de Mayo de 2011)

De repente las tardes de esta mediada primavera han comenzado a tornarse calurosas, dejando en un adormecido olvido la lluvia y el frío casi invernal de días pasados. Hace bochorno, presagio de un incipiente verano.

Salgo a buscarte y me encuentro con los pinos de frondosas copas que nos rodean, olor a resina y a piñas en el aire. Mis pies pisan las agujas que de ellos se desprenden y su crujir rompe el murmullo silencioso de la tarde. A ti no te encuentro.

Te llamo y al sonido de mi voz se desbandan asustados una familia de mirlos que picoteaba las moras de la morera, negro batir de alas, manchas azabaches contrastando con el azul blanquecino del cielo.

De repente te veo, allá abajo, tendido en el verde y fresco césped;  juegas con tu perra, igualmente negra, como los mirlos.

Hago un intento de acercarme pero me contengo, prefiero mirarte a escondidas y disfrutar de tus juegos con ella: le lanzas un palo y ella rauda lo recoge y te lo devuelve, fiel al juego, fiel a ti.

Entonces mi mente retrocede y mezcla  las imágenes actuales que miro con aquellas otras, idénticas, de tu infancia cuando jugabas con el perro San Bernardo.
Ha pasado el tiempo pero ante mis ojos sigues siendo aquél niñito tímido de lentes redondas que me miraba amoroso detrás de sus cristales.

Y te vuelvo a ver como aquél niño que eras, y me doy cuenta de que te sigo sintiendo como a un niño a pesar de tu madurez. Mi niño.